Los Autoproclamados “Especialistas en Seguridad”: Cuando la Ignorancia se Disfraza de Experiencia

El Fenómeno

En los últimos años, la seguridad privada ha sido invadida por una nueva especie profesional: los autoproclamados especialistas digitales.
Aparecen con discursos rimbombantes, ropa táctica impecable y una presencia constante en redes sociales.

No han gestionado una crisis real, no conocen los procedimientos operativos de una instalación crítica, y probablemente no sabrían interpretar un mapa de riesgo.
Pero dominan tres cosas con precisión quirúrgica:

  • Una cámara HD,
  • Frases cliché como “la seguridad es de todos”,
  • Y una necesidad compulsiva de publicar reels con lentes oscuros y música épica.

Y así, sin más, la pantalla les otorga lo que el campo nunca les dio: credibilidad aparente.

El Problema de Fondo

La seguridad no es un espectáculo, es una responsabilidad técnica y moral.
Cuando alguien sin formación ni experiencia se presenta como experto, el daño no es solo de
reputación es estructural:

  • Desinforma al público y a las empresas, creando una falsa sensación de protección.
  • Minimiza la complejidad del trabajo profesional, como si bastara con “actitud” y frases motivacionales.
  • Pone en riesgo vidas y recursos, promoviendo medidas sin fundamento técnico ni respaldo legal.

En el ámbito de la seguridad privada, la ignorancia operativa no es solo una carencia: es un riesgo activo.
Un riesgo que se disfraza de conocimiento y se viraliza con facilidad.

Las Señales de Alerta

Detrás del brillo digital, los patrones se repiten:

  • Hablan mucho de protocolos tácticos, pero no pueden citar un solo estándar normativo (ni la ISO 18788, ni la ISO 31000, ni una simple guía de análisis de riesgo).
  • Publican fotos empuñando radios, drones o armas (aunque el verdadero experto sabe que el criterio es la herramienta más poderosa).
  • Evitan los debates técnicos, porque no pueden sostenerlos.
  • Miden su éxito en likes, no en incidentes prevenidos.
  • Asisten a programas de televisivos o podcast, en busca de notoriedad.

La seguridad profesional no se valida con seguidores, sino con resultados verificables.
Y el verdadero especialista lo sabe: su mejor carta de presentación no es un reel, sino un historial de decisiones correctas bajo presión.

El Peligro Real

El problema no es que hablen.
El problema es que alguien les crea.

Cuando una empresa confía su seguridad a un supuesto experto sin experiencia comprobada, su inversión se convierte en una ilusión costosa.
Y lo más grave: cuando llega la crisis, la ilusión no responde el teléfono.

Las falsas asesorías pueden generar brechas operativas, pérdida de activos y exposición legal, porque no hay método, ni respaldo técnico, ni responsabilidad real detrás de la pantalla.

LA Verdadera Especialización

El verdadero experto no se autoproclama.
Se forma, se prueba y se demuestra.

Su reputación no la construye un algoritmo, sino años de experiencia, resultados concretos y ética profesional.
Mientras algunos editan videos, otros diseñan estrategias.
Mientras unos posan con chalecos tácticos, otros previenen incidentes, protegen activos y salvan reputaciones.

La seguridad no se enseña con filtros ni se mide en reproducciones.
Se aprende en el terreno, se valida con hechos y se honra con integridad.

En conclusión

En una época donde la visibilidad digital parece más importante que la competencia técnica, recordar lo esencial es una forma de resistencia profesional:
La seguridad no se aparenta, se ejerce.

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